Vamos a ver. Fui a verla al cine hacer un par de semanas, muy ilusionada porque me gusta mucho Clive Owen. Y tras verla, decidí esperar un poco antes de escribir la crítica, a ver si la maduraba un poco y lo veía de otra manera. Cuando salí del cine, pensaba que la película era malucha. Y sí, he cambiado de opinión: no es malucha, es una auténtica mierda. Con perdón, pero no hay otra definición mejor.No voy a resumir el argumento porque le haría un favor, dando un poco de sentido a lo que no lo tiene. Para tratar de disimular lo simplón, manido y absurdo de la historia, la vertebran a la manera de pequeños flashbacks, que lo único que hacen en desengancharte poco a poco de una película que en realidad no ha conseguido engancharte nunca.
Tony Gilroy es un pesado con un ego como la catedral de Burgos. No me gustó Michael Clayton, aunque se cantaron alabanzas de ella: me pareció un telefilm tirando a pesado y a tonto, y desde luego muy confuso. Pero es que este director se ha empeñado en retratar el durísimo mundo empresarial, de una manera que ni interesa, ni es creíble, ni nada de nada. Además, si como guionista es flojo, como director es un desastre. Echa a perder la que podría haber sido la mejor escena de la película: los dos directivos peleándose como niños en el patio del colegio. Sólo hacía falta rodar esta escena sin tanto aspaviento, y habría resultado además de divertida, esclarecedora. Pero cuando uno se piensa que es Kubrick, Wilder y Hawks todo al mismo tiempo, pues le sale un ñordo como Duplicity.
¡Qué desperdicio de escenarios internacionales!¡Qué desperdicio de actores (Paul Giamatti, Tom Wilkinson)! Lo único que merece la pena es Clive Owen, que puede que no sea el mejor actor del mundo, pero está para parar un tren y sale guapo, guapo. La Roberts actúa (o sobreactúa) tan mal como siempre y además está envejeciendo fatal, qué pena, con lo que ha sido esta chica.
En resumen, lo que os dije antes: una mierda. El que quiera ir, allá él; pero yo os he advertido.



